AIKIDO AGATSU DOJO 
   
                                                     
                                                 
ESCUELA DE AIKIDO - VIGO            
                                  
                                     
 
 
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 _____________________________________________________________________    Primeras impresiones
 
Cuando las personas llegamos a un sitio solemos hacerlo llevadas por una
razón más  inconsciente
que consciente. Y en un principio, incluso es pro-
bable que ni tan siquiera  sepamos  exactamente   
qué es lo que  buscamos
aprender en él.
 

Así que empezaré hablando de los motivos conscientes  por los cuáles me

decidí aprender este  Arte Marcial que es el Aikido, siempre es más  fácil 

escribir sobre nuestras intenciones  que sobre aquello  que aún desconoce-

mos.

Las  frases de “mantén  tu  espacio, que  nadie  entre  en él”, “no pierdas tu

comodidad, no te encojas,”el hecho de apartarse a un lado en vez de buscar

una confrontación directa y frontal  con el otro y toda  la fluidez y circulari-

dad de los movimientos, me han acompañando en  mi vida cotidiana desde

que empecé esta práctica.

 

  Y es que por otro lado, está la necesidad de encontrarme en constante contacto y superación de mi misma.
  A través de la práctica del Aikido puedo ser más consciente de mis tendencias, tensiones y de mis propias limitaciones. 
  Con la sistematización,  la constancia, la atención, la  precisión y el estar  presente en el aquí y el  ahora que exige esta                     práctica, he podido sentir la parte más artesanal de este ARTE marcial.

  El  modo de  aprenderlo  es a través de  la  observación y de  la  repetición: aprendiendo  a mirar, a leer  lo global  y lo

  particular simultáneamente, a captar el detalle, a encontrar una actitud y un modo de estar más allá de la propia técnica

  y tal y como hacen los niños, aprenderlo todo por ensayo y error. 

 
  En cuanto a la jerarquía y a los grados, me llama  mucho la atención  la  in-dumentaria homogenizada que dan los  kimonos blancos.Y es que más allá
de  su eficiencia  para  la  realización  del  entrenamiento  en  sí  mismo, 
me
permiten  observar los  movimientos  sin que  haya  nada  personal  que me
interfiera  en  la mirada, ningún  
rasgo de personalidad más  allá del  propio movimiento y del propio cuerpo. Nada  distintivo, sólo  los  colores de  los cinturones que  me  dejan  reconocer en  qué  grado  de  conocimiento  se  
encuentra cada uno.


Y es que  la actitud  delante  de un  nuevo  aprendizaje  conlleva el  arte de
saber reconocerte  despojado de t u 
propia  personalidad. Como si de una 
tabula rasa se tratara, un punto de partida en blanco y en cero.
Un cuerpo  universal, casi sin sexo. Y que conste que he dicho  “casi”, que 
si de esto se tratara ya sería otro proyecto.

                                                                                                                                                              Elisenda Renom

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